Klimt encontró en el desnudo femenino su más recurrente fuente de inspiración, lo que dio a pensar que estaba altamente influenciado por el ideal romántico. Sus obras están dotadas de una intensa energía sexual; esto se ve reflejado con gran claridad en sus apuntes y esbozos a lápiz.
En las obras de Klimt rebosan los dorados y los elementos ornamentales de vivos colores. También esconde elementos sexuales como formas fálicas encubiertas con un carácter abstracto.
El tema más representativo de Klimt es la mujer, y sentía una especial predilección por un tipo de mujer: agresiva y dominante, que se identificaba con el modelo icónico de la Femme Fatale.



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